1957
Surca ineludiblemente la brisa fria en una mañana del mes de enero, las flacidas hojas de los frondosos arboles humectadas por el rocio de la vispera, se mecian halagadas bajo los matinales rayitos del sol naciente. Las aladas mariposas merodeaban taciturnas asuso de las flores, cuyas corolas desprendian la embriagante fragancia del amor. La rosa misma seria soberbia si no estuviera rodeada de espinas.....Los largos surcos no producen cosechas sin interrupción, y los árboles no se cubren cada año de flores olorosas, prometedoras de iguales riquezas.
En medio de ese universo abstracto para el entendimiento humano, donde todo parecia lucir en sagrada armonia, hubo de efectuarse en ese preciso instante, un estridente quejido que se escuchó a merced de las transmisoras ondas del espacio. Al gunas mujeres nerviosas entraban y salian por cada una de las puertas de la casa; entre ellas se destacaba una señora anciana y gruesa que corria a toda prisa acarreando en sus crasas manos una palangana repleta de agua; a lo que al unisono, una voz masculina proveniente del patio, le gritó a la señora.
--Teresa, cómo va la cosa?
--Regular, Pedro, regular!l—Respondió ella sin detener su veloz marcha, ni observar a aquel señor que era su esposo.
Alli en aquel almizcate, dentro de un pequeño recinto, no muy separado de la humilde morada, se hallaban 2 hombres atentos a la ansiosa espera por los resultados finales del evento. En aquel reducido cobertizo, utilizado esencialmente para guardar herramientas y otros utensilios de labores hogareñas, figuraba un hombre joven, alto, fornido, de piel canela, cabello oscuro, y ojos negros soñadores. Su nariz se exteriorizaba recta mediana, su boca bien formada de labios carnosos que cohonestaban en su interior, una dentadura blanca y pareja que sus amantes admiraban alborotadas. Este hombre se llamaba Isidro Duarter Ayón. Este hombre con sus fuertes brazos, sujetaba unfano a una preciosa niña, quien era su hija, y representaba una edad no mas de 5 años.
La infanta estaba pendiente a toda actividad que se desarrollaba a su alrededor, ella sabia que algun acontecimiento grande se avecinaba. Aunque estaba sentada en el regaso de su padre, no le quitaba la vista de encima a su abuelo Pedro, ella sabia que su abuelo la adoraba, pero su sexto sentido le intuia que esa adorción iba a mermar cuando naciera un hermanito varón. El viejo Pedro estaba de pie junto a la puerta del cuartucho, agitando traspuesto las inquietas manos por su cara arrugada y maltratada por las inefables vicisitudes de la malhadada existencia. A juzgar por el viso de su tétrico semblante, refulgia una grave profundidad enigmática en la cornea de sus brillosos ojos, los cuales debajo de aquella frente de irregular superficie, mostraban sus arqueadas cejas un signo inevitable de complejidad altruista que, sin dejar de ser estéticas, oscilaban entre lo bello y lo hermoso, lo filantrópico y lo estoico....Las virtudes de neustros antepasados se borran por un tiempo, despues reaparecen a trevés de las generaciones siguientes.
Para concluir esta detallada descripción fisica de la cabeza de Pedro, podemos aducir que su calvicie ponia al descubierto la expresión benevola y sublime de un integro caballero. Es éste el rostro de un hombre?.....No!....Esto es mucho para serlo, mas que un hombre es un Dios.