Ricardo Reyes
Simulacro de vida es un amanecer tibio, es una tormenta despiadada, es la caricia del tiempo que nos invita a vivir en un mundo colmado de restricciones, remordimientos y culpas viejas. Es una invitación a vivir.
Ricardo Reyes nació en Lima, Perú. Reside en los Estados Unidos desde 1991 y en la actualidad habita en el estado de Arizona, donde recientemente obtuvo una licenciatura con honores en Español. Publicó la novela Hechizo de luz en 2001. En esta nueva publicación, el autor comparte algunos de sus cuentos y poemas en un recorrido cargado de recuerdos, confesiones, reivindicaciones y narraciones nacidas en las profundidades de su imaginación.
El mundo de los intensos
El mundo de los intensos no es un mundo; es un universo
completo compuesto de estrellas muy brillantes y de agujeros oscuros,
donde al menor descuido pueden nacer las criaturas más bellas,
o desaparecer los sentimientos más puros. En este universo,
el crimen de actuar con el corazón se paga muy caro; con
muchas lágrimas, con mucho sufrimiento, con la muerte. En
este universo las leyes de la física son absurdas, son
inservibles, son ecuaciones sin sentido ni suerte que mantienen
ocupados a quienes piensan para vivir. Los intensos son criaturas
depuradas que atraviesan el firmamento en busca de momentos únicos
que justifiquen su existencia, de experiencias donde puedan vomitar
el veneno pegajoso del mundanal y beban el elixir del viento, y el
del fuego, y el del mar, y el de tanta planta verde, y el de tantas
sonrisas, abrazos, ternuras. Los intensos deambulan sin un rumbo
fijo, sin un destino premeditado, espontáneos en una vida
diseñada, calculada y regida por fuerzas y leyes ajenas a sus
voluntades y deseos. Los intensos desnudan sus almas y quedan al
descubierto; se tornan vulnerables, sensibles, propensos al amor e
indefensos ante el desamor. Los intensos arrastran sus cadenas y sus
penas, cumpliendo una condena inexplicable y maravillosa que mitiga
la aridez de los espíritus hermanos perdidos en aquel
simulacro de vida que los devora y les devuelven los deseos de soñar,
de amar, de vivir. Los intensos son fabricantes de ilusiones que
tienden a olvidar, traductores del sentir que procuran redimir,
reflejos del alma que desean llorar, seres solitarios en busca de la
armonía, en busca de la belleza, en busca de la verdad.
Phoenix, julio de 2003