Rómulo Hernández
Rómulo Hernández
Del periodismo a la literatura
Luego de una rica experiencia en medios de comunicación social tanto de Venezuela como de Estados Unidos, este escritor decide dar el salto a la literatura, con éste su primer libro de cuentos.
Su experiencia periodística igualmente le ha llevado a realizar reportajes especiales desde Puerto Rico, Brasil, Colombia, Cuba y Curazao, entre otros países.
Parte de sus investigaciones sobre racismo en el continente, realizadas hace más de una década para algunos medios impresos de EEUU, han sido retomadas y traducidas al inglés y portugués por diferentes portales de internet.
En el presente género de narrativa, el autor explora con sus personajes los inicios sexuales de la infancia, la nostalgia por una niñez llena de mitos y esperanzas, la fuerza espiritual expresada tantas veces a puerta cerrada, la inexistente barrera entre el mundo onírico y algunas prácticas religiosas, la esclavitud de la pobreza camuflajeada en relaciones denominadas “familiares”, la historia clandestina de dos personas amparadas en un horario de trabajo que les permite llevar un doble hogar, uno de ellos poco convencional.
Así mismo aborda la curiosa amistad de dos mujeres a través de las complacencias musicales de un programa de radio y la sorprendente vida de una persona transexual.
En gran parte de sus historias, como fondo narrativo, se realiza un sublime (y a veces polémico) homenaje a intérpretes populares de boleros, joropos, vallenatos y rancheras, bajo títulos como “En manos de Pedro Infante”, “El ventanal de Pragedes”, “Palabras de mujer” y “Como de la familia”.
Rómulo Hernández
El escritor Rómulo Hernández nació en Zaraza, Venezuela, y comenzó su carrera periodística a la par con los inicios de los estudios en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), en Caracas en 1975. Empezó en la revista Momento, de circulación nacional, en 1976 y desde el año siguiente y hasta 1984 redactó columnas de opinión y reportajes para el diario El Nacional y sus suplementos dominicales Séptimo Día y Feriado. De 1984 al 90 trabajó como Reportero, Coordinador de suplementos especiales y Miembro del Consejo de Información de El Diario de Caracas.
Igualmente en Venezuela se desempeñó como Coordinador Nacional de Cultura del Instituto Nacional de la Vivienda (1981-82), fundador del Taller Experimental de Teatro de la Contraloría General de la República, Co-fundador y Coordinador del Cine Club “El Pregón” de la Facultad de Humanidades de la UCV, con proyecciones semanales adicionales en la Galería de Arte Ocre; Co-fundador de la Galería de Arte “Fantoches” del Colegio Nacional de Periodistas; Miembro del Grupo de Realización Cinematográfica “Antares”; Profesor de Cultura General y Teatro (83-87) en una academia privada; Productor-Conductor de la Sección de Cine del programa Matices (Televisora Nacional); Productor-Conductor invitado del programa Iconos (Venezolana de Televisión y conductor de entrevistas especiales para programas de televisión del Sindicato de Trabajadores de la TV y el Cine.
Desde 1991 vive en San Francisco (California), Estados Unidos desde donde ejerce como Director General de un semanario en español y forma parte del Comité Editorial de un semanario en inglés. Así mismo pertenece al Consejo de Asesores del Sonoma Community Center, dedicado a fomentar actividades culturales en el Valle de Sonoma; ha colaborado con la programación de la exhibición de películas latinoamericanas en el Wine Country Film Festival y escribe para la revista Chocolate (Islas Canarias), en España. De sus trabajos previos en diferentes periódicos en San Francisco, Oakland, San José y Los Angeles, han sido extraídos algunos de sus artículos sobre racismo en América Latina, para diferentes portales de internet sobre el tema, en Washington (EEUU) y Río de Janeiro (Brasil).
Así mismo ha trabajado como Coordinador de un Programa de Prevención de Enfermedades para el Mission Neighborhood Health Center/Center for Disease Control and Prevention y como Diseñador de Campañas de Salud Pública para vallas, folletos y revistas (1994-99), en San Francisco.
Su primer libro “¿Le cuento una historia?” consistió en un documental fotográfico sobre los niños trabajadores realizado en 33 poblaciones de Venezuela, cuyo ejemplar único en calidad de Tesis de Grado, reposa en la Biblioteca de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. El actual es su primer texto en el género de narrativa.
Hablaba de espaldas
-Me dijiste que tu casa era en el llano. No la veo plana. Está sobre una loma. Ahora mismo estoy dentro de ella. Me rodean las barandas verdes de una cama de madera y lona. Un catre viejísimo. No. En realidad quien descansa allí eres tú. Luces como de diez años…
La luna te permite divisar siluetas de arbustos moviéndose con la brisa. La de mango sobresale del bulto que forman las matas pequeñas. Observas desde una ventana que da para el corredor. Todos duermen. Menos tú.
-Sí. Soy yo. No sé cuantas noches ví lo mismo. Por horas quedaban en el ambiente las voces soñolientas de mis diez hermanos que salían desde sus camas: "La bendición mamá" "Dios te bendiga", "…dición papá", "Dios lo críe", …"¿Tulio, no vas a pedir la bendición?".
Sentía que tras despedirme yo de último, el día llegaría a su fin. Me aterraba el quedarme solo en aquella oscuridad.
Por las tardes, a las seis en punto, pasaba Don Giuseppe. Encendía las luces de cada una de las calles. Con un palo largo y sin bajarse de la única motocicleta del pueblo. Mis hermanos y yo esperábamos que avanzara unas cuatro cuadras, para apagarlas. Al rato lo veíamos de nuevo, refunfuñando. Mi papá se entretenía con los discursos radiales, en onda corta, de Rómulo Betancourt y Fidel Castro.
A veces el italiano se hartaba de encender las luces, entonces, como castigo, nos dejaba a oscuras. Ese era el ambiente buscado por nosotros para salir a cantar y gritar a la calle. La vecina Irene aprovechaba el desorden para encontrarse con el novio y según Cecilia, la señora que nos cuidaba, se llevaba en un bolsillo un pedacito de tabaco que le ayudaba a espantar las serpientes del monte. A lo lejos se escuchaban las voces de los hermanos llamándola.
Mi mamá mandaba a echar el DDT desde el zaguán hasta los cuartos. Al cabo de dos horas se irían los mosquitos junto con el olor del "flí". Pero al rato había que encender los caracoles para mantener alejada a la plaga. La Sanidad alertaba sobre Paludismo y Fiebre Amarilla.
Cerca de la medianoche sólo quedan cenizas de los espirales. Allí empieza mi angustia. Intento entretenerme tratando de adivinar a cúal película pertenecen las voces que desde el cine Principal salen a recorrer el pueblo con sus ecos. Por el sonido de balazos y la música ha de ser "Carabina 30 30".
Un grupo de pasos masculinos atraviesa la plaza Bolívar. Camina frente al banco. Llega a la esquina de la casa y baja rumbo a la plaza Páez. Dejo de escucharlo. Son los hombres de la función extra de los viernes. Ahora sí voy a quedar solo en esta cuadra de casas deshabitadas.
Falta poco para que mi mamá se levante a hacer su ronda. A arreglar a los desarropados. A descubrir fiebres en las frentes de sus hijos. A abrir las ventanas para no dejarle todo el trabajo al ventilador.