E. C. Dávila
Entre los humanos y el Reino Mágico hay conexiones invisibles para casi todos los seres. Solo algunos elegidos pueden abandonar su cuerpo material y trasladarse a ese otro mundo en el que habitantes y dioses conviven gozando la eternidad.
En el Reino Mágico, Bertold se enamora de una diosa y es rechazado por ella. El amor y la ira son una combinación explosiva. Bertold pone en riesgo de desaparición a su reino, y sólo una extraordinaria mujer tiene el poder para evitar la tragedia.
Su nombre es Rosa, y sus tareas, descubrir las 21 conexiones del Universo y devolverle al Reino Mágico la vida que se extingue. Rosa cumple su primera tarea, pero para llevar a buen término la segunda, necesita del joven libertador, un desconocido que tarda muchos años en llegar. Cuando al fin aparece en su vida, ambos deben emprender la más increíble aventura…
E. C. Dávila es Mexicana. Desde muy pequeZa se sintió atraída por los libros de historias fantásticas, tierras lejanas, culturas diferentes... y descubrió que todas y cada una, desde cuentos hindúes, germánicos, nórdicos, árabes, griegos, mayas, sajones, espaZoles y demás, compartían un mismo elemento que permitía explorar ésos asombrosos mundos, la Magia. Así viviendo día a día la maravillosa experiencia de descubrir una y otra vez ése universo, terminó sus estudios profesionales de Maestra de Inglés para estudiantes como segundo idioma en el Instituto Anglo-Mexicano de Cultura. Después de ejercer por unos aZos como maestra, participó en un concurso internacional para autores donde se le otorgó el primer lugar por su obra “Destapes”, lo que le brindó la oportunidad de estudiar un diplomado en guionismo en el Centro Internacional de Guionismo de Cine y Televisión. Es casi al finalizar su instrucción en CIGCITE, donde en medio de guiones para cortometrajes la historia de la Sra. Rosa se apodera de su voluntad y se aferra a darse a conocer, siendo escrita a la par que su primer guión de largometraje titulado “Limites”. E. C. Dávila actualmente radica en una pequeZa cuidad a la orilla del Golfo de México.
I – LA CONDENA DEL REINO
Carmen aguardaba con ilusión. Como en muchas otras noches, esperaba una visita secreta, el anhelado encuentro con un ser del Reino Mágico del que estaba perdidamente enamorada. Esa noche Carmen cumpliría la ambición más deseada por Arnold: procrear un hijo tan o más hermoso que un humano.
Carmen vivía en el territorio que ahora se conoce como Reino Unido, aproximadamente cinco mil años atrás. Poseía una belleza singular: su cabello brillante acentuaba el pálido color de su delicada piel; sus ojos verdes parecían dos esmeraldas dispuestas a dejarse robar junto con su ingenuidad.
Arnold pertenecía a los elementales, una especie en extinción dentro del Reino Mágico. Sentía un extraña mezcla de fascinación y admiración por los humanos, pues los consideraba la especie más interesante dentro del Reino Animal. Valiéndose de cuanto estuviera a su alcance, había enamorado a Carmen desde que era niña.
Aunque el Reino Mágico contaba con infinidad de criaturas de belleza sin igual, los seres como Arnold se distinguían por tener un aspecto especialmente desagradable, parecidos a los humanos pero de baja estatura, con diferentes colores de piel, como plateados, dorados, y cobrizos. Arnold pertenecía a los cobrizos.
Arnold llevaba a Carmen a los campos y bosques para ver hadas, gnomos, duendes, unicornios y muchas criaturas más. Sin embargo, la atemorizó para asegurarse de que no se acercara a ningún otro ser del Reino Mágico. La engañó diciendo que unas hadas (los seres más hermosos del Reino Mágico) mataron a su único hermano y le dio detalles de cómo se podía matar a un ser elemental. No mucho tiempo atrás, llevado por la envidia, había asesinado a su hermano, que a diferencia de él, y la mayoría de los elementales, era de belleza extraña.
Casi siempre, Arnold contaba historias a Carmen acerca del Reino Mágico, que entonces era visible para los humanos, incluso le confesó las tres únicas formas para poder nacer en el Reino Mágico: nacer ahí, haber muerto en el Reino Animal para querer nacer en el Reino Mágico, y haber muerto en el Reino Animal después de matar a un ser mágico.
Para Arnold resultó sencillo robar el bebé, pues a Carmen nunca se le notó el embarazo. Los humanos jamás se enteraron que llevó en su vientre, durante tres días, el producto de la unión entre un elemental y una humana.
El bebé de Carmen y Arnold fue singular. Nació al tercer día con el primer rayo del sol. Diferente también de los elementales, pues ellos tardaban en nacer solo de tres a cinco minutos después de ser concebidos.