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MI CAMINO SERÁ UNA LARGA TRAVESÍA: Como hombre de maíz, guerrero águila y tigre

NARCISO R. DE LEÓN

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This Book is Available Paperback (6x9)9781425949068 $ 17.76  
About the Book

Es una interpretación de la vida del autor que parte de su niñéz hasta los momentos actuales en su lugar de trabajo y residencia, el Canal en San Rafael California; se sumerge el pensamiento hasta veintitrés años atrás cuando iniciara su encuentro con la vida laboral, había abandonado la casa materna y su destino lo llevaba a tierras tropicales cargadas de incontables hechos que parecen hoy día más claros al entendimiento; recorría mil kilómetros cada semana por las tierras tortuosas y rojizas del barro entremezclado con sudores y faenas de todos, por la vida y la sobrevivencia, hasta alcanzar todos los pueblos situados alrededor de Flores, Santa Elena, Poptún, Sayaxché y la frontera con Belice.

 

Son entrañas que despedazan a los nuestros, se llevan día a día tantas esperanzas fallídas porque familiares no encuentran a los suyos, han sido victimas de la oscuridad luciferiana que nace de corazones invisibles y malvados, provocados por escuelas del tirano. Me alejaba pronto de cada aldea que desaparecía porque sin duda al lugar volver podrían, para confirmar la saña dejada a su paso o rematar  un pobre bebito contra árboles gigantes y convertirse así en el principal muerto de la sangre obrera y campesina, de mujeres viudas y pueblos que ya no existen, madres e hijos que se suicídan. Contiene a su vez experiencias estudiantiles y reflexivas sobre la juventud y la virilidad, sobre el caballero blanco y la tierra del venado, la educación de adultos y el porqué del cristo negro de esquipulas, a dónde he venido a parar y quienes hacemos la riqueza...

 

 

 

 

 

 

About the Author

          Narciso R. De León Sigüenza nació en el valle de Olintepeque, Quetzaltenango. Provincia occidental del altiplano guatemalteco en 1964. Cursó estudios basicos y superiores en la zona. Inició estudios sobre periodismo en la Universidad Francisco Marroquín, extensión Quetzaltenango, sobre Ciencias de la Salud en la Universidad Mariano Gálvez en la capital del país, sobre Investigación social en el Departamento Ecuménico de Investigaciones –DEI– San José Costa Rica, sobre Educación de Adultos en la extensión de la Universidad de California, Davis Campus –U.S.A.–. Ha sido autodidácta y participado a nivel internacional en eventos ecologistas, educativos, religiosos, derechos humanos. Ha realizado estudios sobre cultura indígena en el altiplano del país desde 1991 y coordinado una institución ecologísta mayance. A partir de ésto ha contribuido al bienestar ambiental y humano de los menos afortunados y olvidados de la tierra. Ha sido miembro de organizaciones no gubernamentales y de desarrollo social en el occidente nacional.

Hijo de David Dumarsell De León y De León y de Clemencia Sigüenza Taracena, herederos de costumbres hispanicas y descendientes de migrantes Ibericos, criadores de ganado, cultivadores de granos basicos y fabricantes de la vestimenta tradicional del municipio de San Juan Olintepeque, especialmente de la mujer. Poseedores del secreto de la “chicha” de panela, del queso porcino. Vivió sus mejores años en la rivera del Xequijel adormecido e inició sus viajes de trabajo a la edad de 13 años, lo que lo llevara al norte de la península de Yucatán y donde conociera los misterios del mundo verde, del pájaro serpiente y de los brujos del agua, los Itzáes. Ha intercambiado experiencias con pobladores Kunas, Quechuas, Guamies, Quiches, Nicoyas que han inriquecido su vida y su cultura, la cultura del mundo en general. Actualmente sueña una América unida y libre, cree en el canto de la tierra, a los hijos de la tierra.

 

                             Tierra de Abundantes florestas y de la eterna primavera.

Cuactemallan Mayo del 2006.

 

 

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Mi Camino Será Una Larga Travesía

San Benito Petén 1988

 

 

 

Había dejado la tierra del venado, de la costa sur del país, de aquí en adelante mi camino será una larga travesía, un viaje mío y de nadie más, por regiones lejanas y místicas, más no por ello menos semejantes al paisaje y a las soledades que dejaba, hablo de la costa sur, costa grande y costa chica; tanto y tanto nos alejamos los Olintepequenses hasta tocar nuestros límites en Belice, Chiapas, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, que nos parecemos al anda solo y perico ligero, que rozan con sus cabezas todas las sabánas yucatecas, al norte de la nación Guatemalence.

 

Por allá, por aquellas extensiones calurosas, adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados para siempre; hay que recorrer todos los caminos de occidente al centro del país y de allí hacia el atlántico y el norte, grandes ríos y bosques cubren como manto y líneas sin iguales las regiones inaccesibles para muchos, pero todo parece que empieza, justo al pasar el río dulce y majestuoso izabalense, de allí en adelante, todo será calor, fatiga y polvo, carne de tepezcuintle, venado, pez blanco y sopa de verduras.

 

Todos conocen los follages, las lianas, la lluvia interminable y húmeda, el calor abrasador del verano, aquí nadie se siente seguro, porque parece un país dentro de otro, como una tierra salvaje y virgen; todos inseguros de sí mismos, que al menos es lo que aparentan, ibamos dejando árboles y más árboles a cada hora, caudalosos ríos y profundos, verdes, tan verdes como el color del jade, que pareciera que centenares de años no han pasado por ninguna parte, que serán parte de mi destino y guiarán con certeza mi regreso, como si fueran machetazos dejados por el paso, cada uno avanza sumergido en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y café, en la tierra, y blanco y azul cuando uno mira hacia el cielo, cada tronco caído, deposita el humus fértil para la gran extensión petenera; todo aquí es naturaleza pura, cristalinas aguas, secretos escondidos en los lugares de descanso del tigre, cubiertos de matorrales verdes, creciente amenaza a su paso, todo se mezcla, soledad, peligro, verde y movimiento del agua, griterío de saraguates y canto solemne de pavoreales y pericos, pero recordemos la urgencia de terminar el viaje, y empezar una misión que solo el tiempo dirá si habrá valido la pena.

 

Yo ignoro la pasión de los antiguos, la sorpresa del conquistador imbécil a su llegada, y la blancura del cielo claro, y lo negro horrendo del nubarrón de invierno, aquí se descargan las aguas con tanta furia, que el viento carga con las palmas y techos de los ranchos más humildes, construídos de manaque, a cada lado de los caminos que veía, corrían venados y coches solitarios, que habrían soportado la inquietud salvaje de la selva, el acecho felino, y la tempestad sin nombre.

Los caminos rompen brechas para los humanos, rompen la tierra de las praderas para el cultivo y con la energía vital del hombre, crece la milpa inigualable, la mazorca grande, el frijol delicioso y los bananos entremezclados con cocoteros bien cargados, cada campesino se mece entre las hojas de las veredas, desaparece en la espesura del bosque y de pronto surge cargado de yucca, patata y elotes tiernos.

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