NARCISO R. DE LEÓN
Nunca antes habríamos considerado un pequeño pueblo del altiplano occidental guatemalteco, con tanta importancia para la vida nacional y mundial, a no ser que éste valorara por sí mismo su participación ante las encrucijadas del destino y de los hombres. Su nombre cambia con el tiempo: de tierra bajo la montaña, cerro que tiembla o se mueve, o San Juan Olintepeque; se envuelve todo bajo la maraña del conquistador agresivo, se sumerge cada hijo de la tierra del quetzal bajo el río cubierto de sangre y quedan al descubierto sus campos maltratados por huracanes del presente. Al leer El Río Que Corre Bajo La Sangre, descubrirás el encanto de la sierra madre, de los valles quetzaltecos, de la idiosincracia mayance, la vida tortuosa de los innombrables Achijab e Ishokib, que cubren sus formas de ver la vida, bajo La Grandeza Oculta del Supremo Maestro....
No hay en el Mundo arroyuelos sin sentido, cascadas sin belleza ni playas desbordadas, que no sean resultado natural del ritmo de la vida y la Naturaleza en su conjunto; todo está entremezclado. Es un proceso justo que trae vida y abundancia. Torrente sin igual, trueno espantoso que estremeces nuestras casuchas de barrio y tejados rojos; la lluvia llegó a cántaros y regó los campos en todas direcciones, los afluentes se inundan y dejan correr sus aguas hasta llegar al cause mayor; El Río Xequijel crece y crece, se ensancha y deja venir toda su furia incontenida a velocidad insospechada, se lleva a su paso plantaciones de maíz, árboles, animales, casas, personas y puentes. La catástrofe hace mella en cada hogar Olintepequense. Sangriento río ennegrecido que pierdes tu mansedumbre milenaria y acojes la inmundicia corrompida. Tu caudal opones a los diques, inquietas al rebelde y quebrantas la paz de los vecinos. ¡Ay cuántos han llorado! ¿Qué bebitos has destrozado y cuántos muertos has cobrado? Devuelvenos a los hijos de las gentes morenas y la paz volverá a tus valles, cambia tu espesura a cristalinas aguas. Chiqui-qui-a, río bajo la sangre.
ACERCA DEL AUTOR.
Narciso Roderico De León Sigüenza, nació en el barrio Pila Vieja, del municipio de San Juan Olintepeque, en la provincia occidental de Quetzaltenango Guatemala, en el año 1964, el día 29 de octubre. Sus padres han sido Clemencia Sigüenza Taracena, hija de Brígido Sigüenza y de Juana Taracena De Sigüenza, así como de David Dumarsell De León y De León. Vivió sus mejores años en la rivera del Xequijel dormido, que corre serpentino desde las cumbres del águila hasta mezclarse con el Nimá grande, el caudaloso Samalá. Recuerda los peces y cangrejos que brotaban allá por los años 1980 y que deleitaban a los amigos y parientes. Iniciara sus jornadas de trabajo a la edad de 13 años cuando visitara el norteño departamento petenero, lleno de embrujos y paradisíacos lugares, donde conociera el encanto del gran jaguar, de la pirámide de las ventanas y la cueva de la serpiente; fué presa de los brujos del agua y del misterio del Petén Itzá, de la mansión del pájaro serpiente y el mundo del misterio verde.
Hizo estudios basicos en su pueblo natal y del nivel medio, y superior en la ciudad de Quetzaltenango, Ciudad capital de Guatemala, San José Costa Rica, Davis university en California y coordinado una institución ecológica mayance en el occidente del país. Vive actualmente en los Estados Unidos y sueña una América libre, un continente de esperanza y una Guatemala fraterna y solidaria.
San Rafael California, Enero 7 del 2006.
En memoria de Chiqui-Qui-A o río de sangre.
LA NACIÓN QUICHÉ
Hablar del pueblo maya en Guatemala, es hablar del problema del indígena latinoamericano que tiene dentro de su concepción de vida, lazos estrechos con nahuales, el maíz y el sentimiento del desprecio perpretrado por los últimos cinco siglos de vida; tiene una persistencia que trae consigo imposibles barreras de ser franqueadas, a menos que sean hechas por el mismo pueblo indiano, ya que nadie puede hacer sentir persona a alquien; es un valor que nace de sí mismo y sus convicciones, de su amor propio y estima. El sentir necesidad de ser querido socialmente, es algo que parte de una sociedad homogénea, pero la realidad del presente para la nación Guatemalteca, revela una heterogenecidad infranqueable, para mezclar sentimientos de respeto y amor propios condicionados a una sociedad en desarrollo, transculturizada hasta en las razas, mezcla de constante inmigración asiática, de expansión del garífuna y prosperidad del maya idiosincrático, en cualquier latitud del país.
Yo no creo que el racismo sea una práctica social de desprecio generalizado, sino un sentimiento sentido y personalizado, del propio indio, que no acepta la realidad en su conjunto, sino que al igual que cualquier minoría o mayoría de una nación diferente, sentiría la amenaza cultural de otros migrantes presentes en su suelo; es la misma reacción del caucásico norteamericano del presente, ante tanta presencia latinoamericana en esos suelos, la idea del desprecio nace y se manifiesta en ellos, pero son solo unos pocos los que son objeto directo de esa práctica personalizada, porque no se puede envolver a todos, aunque en algún momento dado se haya sido víctima del atropello.
¿Pero acaso no fue el mismo sentimiento del cherokee antiguo, del navajo y piel roja en su momento?, la realidad ha sido que una vez transplantada la semilla del extranjero en “otra tierra”, quien se halle en ella, se verá ridiculizado talvés por sí mismo, ante la imposibilidad de prosperar o de manifestar sus habilidades frente a alguien que posea cierta astucia o sea dueño de algun artificio moderno, que le dé superioridad. “El respeto a la vida humana, a Dios y la naturaleza, son fines supremos y de grandeza de los pueblos”.
El hecho de la conquista sin duda, es el sentimiento intrínseco del indio americano que marcó para siempre su desigualdad en el continente, ante semejante ventaja armamentista y tecnológica mostrada por los conquistadores; el presente es el momento para la reflexión y superar todas esas incomprensibles jugadas del destino de los dioses, quienes dieron a los europeos la posibilidad de transformar nuestra nación grande americana, en el laberinto de contradicciones, lenguas, culturas y matanzas desiguales.
Sumergida en el amor al grano de maíz y la vida que transmite, por ello nuestro Neruda hace referencia a él, como hijo desprendido del grano que une a la mazorca y que con tantos forma la inigualable patria....