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La Casa Von Kessel

Maria T. Berestein-Garcia

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This Book is Available Paperback (6x9)9781425927301 $ 13.40  
This Book is Available Dust Jacket Hardcover (6x9)9781425927318 $ 15.90  
About the Book

La Casa Von Kessel, es la historia de unos inmigrantes alemanes que se establecieron a mediados del siglo XIX, en una redituable hacienda a las afueras de lo que era el centro político y cultural de La Habana. Tras invertir un moderado capital en esta residencia que abarcaba el dominio de tierras con plantaciones de caña de azúcar y esclavos, alcanzaron gran prosperidad en este inhumano pero fructífero negocio de esa época. Sin embargo, este florecimiento económico tentó a sus familiares en Europa, provocando que sus apacibles vidas dieran un vuelco total con el arribo de una hermana procedente de Alemania, que traía intereses encubiertos y apremiantes.

 

Así comienzan los conflictos en esta estremecedora novela, donde la pasión sin límites y los bajos instintos se enfrentan hasta derrotarse entre sí; es ahí cuando el poder del amor se rehusa a desaparecer y emana de sus restos reiteradamente a través de dos generaciones. A un ritmo trepidante, el lector pasará de situaciones tumultuosas y desconsoladoras, a pasajes en el que, la facultad de amar, logrará franquear las leyes de la existencia misma, y donde el regreso a la vida es una posibilidad espiritual que se manifiesta, así como también, el optar ocupar otra dimensión para existir.

About the Author

María T.Berestein-García, descendiente de españoles y austriacos, nació en La Habana y reside actualmente en Estados Unidos de América. Estudió filosofía y letras en la Universidad de la Habana, mientras se desempeñaba como profesora de historia de enseñanza media y superior. Posteriormente trabajó en la Editorial del Instituto Cubano del Libro. Sus extensos estudios sobre metafísica e investigaciones históricas, aplicadas a la literatura, la convierten en la actualidad en un exponente promisorio del espiritualismo como género, dentro de la novela contemporánea.

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Dirigir la plantación era algo que Genevieve eligió hacer personalmente, ella había decidido quedarse a su cargo,  llevaba en su sangre al igual que su hermano el don de mando, y la sensación de poder la tenía fascinada desde que comenzó a ejercerlo.

Una mañana, mientras estaba enfrascada dándole órdenes al capataz y a los esclavos; Mauricio recorría la gran casona para irle conociendo todos sus vericuetos y rincones. Quizás era un deseo inconsciente de encontrar algún escondrijo que en caso de emergencia le sirviera de refugio. Le era inevitable eludir la sensación de persecución, que se le despierta a todo el que por algún motivo, comete un crimen.

Fue así que descubrió en un corredor que estaba  cerca de la cocina, algo sospechoso en el suelo;  una rendija se podía ver justo a un lado de una alfombrilla regtangular que estaba en el centro de aquel pequeño pasillo. Con mucho cuidado la levantó  con la punta del pie, pudiéndose asegurar que se trataba de la tapa de un sótano como sospechaba. Sin titubear, se agachó para tratarla de abrir, y hundiendo sus dedos por una muezca que tenía para levantarla, haló fuertemente hacia arriba. La tapa estaba solamente presentada, por lo que no le costó mucho trabajo abrirla, y rápidamente descendió por una escalerilla de madera, ya que vio que había claridad adentro.

Al llegar abajo, recibió una gran sorpresa; una preciosa dama, curiosa y asustada, lo había observado bajar.  La presencia de una mujer bella arrinconada allí, lo dejó alelado; era lo menos que él se hubiese esperado, y lo mismo le ocurrió a ella. Recibir aquel atractivo hombre de porte mediterráneo, era después de varios meses de encierro, lo único que jamás hubiese sospechado aparecer en su subterránea celda.

Atrapado ante la belleza y la sensualidad de esta misteriosa joven mujer que había encontrado como un hallazgo, no atinó ni a esbozar una simple pregunta. El descotado ropón de cama color celeste, con el que se cubría ligeramente para aliviarse del calor de aquel sitio, le aturdió  los sentidos  momentáneamente a Mauricio. Ella sin querer, descuidadamente mostraba su voluptuoso y provocativo semidecubierto pecho, sobre el que le caían tentadoras onduladas guedejas de su larga cabellera rojiza. Pronto se perca-tó que su desatendida compostura, había perturbado a este desconocido vi-  sitante, y tomó su bata que estaba tirada sobre una butaca para echársela por encima.  Su  acción  hizo que  finalmente Mauricio se  repusiera de este insólito encuentro y lograra balbucear un tímido pero emotivo saludo, mien-tras que nervioso trató de arreglarse su amplia camisa de hilo blanco.

-¡Buenos días! – dijo en tono galante y con ademán de reverencia.

-¡Hola!, ¿quién es usted? – inquirió ella desconfiada, apenas escuchó su voz.

- No se asuste, no vine a hacerle nada malo; es más, le aseguro que ignoraba tanto su existencia, como la de este sótano...Yo solamente bajé por simple curiosidad, al descubrir este sitio al pasar.

Dio todas estas explicaciones con el ánimo de ganarse la confianza de aquel ser que reflejaba un intenso miedo en su rostro. No obstante, para defenderse, ella lo atacó con una pregunta.

-¿Qué hace usted aquí?

-¡No tema!, ya le dije que no voy a hacerle daño – reiteró sus intenciones en tono sereno y ligero.

-¡Entonces!, ¿qué busca? – preguntó presionándolo con cierta impaciencia.

- Nada, nada en específico, pero por favor, tranquilícese, le aseguro que si baja la guardia, podremos hablar.

-¿Sobre qué? – indagó suspicaz.

- Bueno, por ejemplo... diríamos que sería interesante hablar sobre usted y sobre mí también, ¿por qué no? – le comentó tratando de calmar un poco sus evidentes temores, sonriéndole placenteramente.

Natalia decidió ponerse al frente de aquel diálogo, a pesar de sus dudas; mantenerse a la defensiva era una posición que la hacía sentir incómoda y reconsideró la intención de sus preguntas hacia aquel desconocido.

- Entonces, vamos a empezar por usted, a ver,  ¿Qué hace en esta casa?...  ¿o es que acaso vive aquí, para entrar en donde se le plazca?

- Pués sí, hace casi un mes que vivo en esta hacienda. Se ve que usted está ajena a los acontecimientos de esta casa... ¿Dígame?... me imagino que le pasa algo... por alguna razón vive usted, así tan apartada – insistió Mauricio en una actitud más bien compasiva.

- Mire... lo que pasa, es que a mí no me interesa la vida de los demás – le aseguró evasiva.

Natalia sin querer retomó su posición anterior, el terror a ser descubierta le ganaba, pero él no pudo ser más directo y le replicó en un tono muy significativo.

- ¡Fíjese, que no le creo!, es imposible que una belleza de mujer como usted sea  tan  insociable como  dice.  Para  serle  franco,... cuando  la  ví,  me  dio


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