Mi familia Mexicana
A mi familia mexicana
yo quiero levanter.
Por eso, para oír estos versos, te voy
a rogar y hasta suplicar
que pongas atención.
Y para los que no entra facilmente los versos
de la poesía,
te voy a rugir como un león para que
prestes oído hoy
en este día.
Primeramente, como mexicanos
o mexicanos-americanos
de cualquiera genaración
no nos discriminemos con tan poca compasión
porque eso deberas no tiene sentido
ni una gota de razón.
Se que muchos mexicanos en los EE.UU. por
varias generaciones ya establesidos
mandan palabras abusivas
y dañinas a sus hermanos recien llegados.
¿Hermanos mios que no ven que proceden
y su origen es del mismo lado?
Pero si los maldicen todavía por ser malditos
¿Qué dirán, en sus tumbas, sus difuntos abuelitos
quiénes vinieron como mojados e ilegales sin documentos?
Ahora veo que tu racismo hácia tus hermanos,
gracias a Dios, corre más lento.
Y si no es así, para no sufrir, por favor mi hermano/a
organiza mejor tus
pensamientos.
Segundamente, mexicanos queridos
no digan que en la educación no se les mete la razón.
Y la excusa que se olle por doquier es que
“¡No entiendo es que soy del rancho!”
Anda, para los estudios deben de ser más machos.
No por cualquier cosa tú te rindas.
¿Si no que dice de tu persona?
¿Que a las derrotas y fracasos tú facilmente brindas?
No mi hermano o hermana
estudia para al rato poder contar
bonitos cuentos de perseverancia
a tus esquinkles.
Terceramente, deben tener una mente positiva.
Realmente, ese es el ingrediente para elimimar los
obstaculos de los versos que se encuentran aquí arriba.
De esa manera cuando miren el partido de fútbol
puedan gritar con vigor, “¡Arriba o para abajo las Chivas!”
Los versos, a mi mente, ya no vienen.
Espero que el mensaje nos inspire y nos llene.
Si a ese objetivo logro y procuro llegar,
les pido que procedemos a progresar
porque será más fácil y con gran alegría
a la distancia y al futuro
positívamente
mirar.
* * *
Ayer luché…
Ayer luché con el mar.
Le hice una pregunta sobre el amor
y malas noticias me mando
con una reluciente sirena.
Ese mensaje me agotó
solo dejando en mi rostro
una lamentosa pena.
Ayer luché con las nubes.
Les platique de las bellas mujeres
y me contestaron que primero tenía que
entender las irracionables leyes.
Me dijo, “Existen leyes que no tienen lógica.”
Me senté junto de un árbol y medité en
que forma podría poner esta sabiduría
en practica.
Ayer luché con el viento.
Mientras caminaba
me contó un triste cuento.
Le suplique que no tenía tiempo
pero aún desarollo su historia
de una forma desdichadamente lento.
Luché con ese monstro
aunque perdí al final
al ver mi solitario
rostro.
Ayer luché con el tiempo.
Le dije que su velocidad
era muy veloz y que era
necesario que conduciera más lento.
Se rio de mi y me contestó
que era necesario abrir los
ojos más y salir a platicar
con el catártico campo,
para sentir más satisfacer y no
pelear inutilmente con los
poderes naturales ya
tanto.