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''TAL COMO FUE''

Juan Antonio Rodríguez Menier

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This Book is Available Paperback (6x9)9781414059570 $ 13.25  
About the Book

Después de una experiencia insurreccional algo ac­tiva y peligrosa, que terminó con la sorpresiva victoria sobre Fulgencio Batista, el dic­tador cubano, Juan Antonio Rodríguez Menier pensó que, como en los cuentos de hadas, todos serían felices, pero en realidad comenzó la absorbente guerra contra los Estados Unidos.

La vida dispuso que combatiera en la Contrainteligencia e Inteligencia, organizaciones vituperados por los enemigos y encumbradas por el gobierno, a menudo incomprendidas por escritores, analis­tas, políticos y pueblo en general. Fue condecorado 9 veces, incluyendo la más alta condecoración de los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba, la medalla dorada "Capitán San Luis".

A pesar de lo antes expuesto, desde 1966, se convenció de dos cuestiones que le amargarían los años siguientes: Fidel Castro es un tirano demagogo; y el sistema socialista no funciona porque la naturaleza humana está en su contra. Dos décadas después de llegar a esta convicción lo­gró el asilo político de toda su familia inmediata en un país occidental.

Opina que mientras exista la desi­gual­dad económica y so­cial, la pobreza de muchos y el enrique­ci­miento de unos pocos, el fanatismo religioso y el extremismo político, la eterna comedia del mundo se repetirá cí­cli­camente, representada en el teatro del destino.

D. T.

Madrid, 20 de julio de 2003.

About the Author

Juan Antonio Rodríguez Menier desciende de una familia revolucionaria desde la época en que Cuba era una colonia española. Su abuelo combatió a las ordenes del Mayor General Antonio Maceo. Su primo, Mario Torres Menier, que fuera Jefe de las Fuerzas Aéreas de Cuba, combatió la dictadura de Gerardo Machado. Su tío, Francisco Menier Cybeira, murió a manos de los es­birros de otro dic­tador, Fulgencio Batista, al que él también combatió. Después del triunfo revolucionario fue oficial de Inteligencia. Condecorado 9 veces, incluyendo la más alta condecoración de los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba, la medalla dorada "Capitán San Luis", representó a su país como Cónsul en Europa. En 1987 obtuvo asilo político para su familia en una país occidental.

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Le ordené a un custo­dio que se llevara al barbero para su celda y volví otra vez al pasillo. Fidel volvía a la normalidad.

-Pitcher, creo que te jodí la cosa. No sirvo para este trabajo. Hay que tener mucha paciencia. ¡Qué cabezón es ese muchacho! No dijo ni media palabra.-

-Comandante, ese preso estaba frente al jefe de la Revolución. Estaba tan impresionado que se quedó mudo. A la mayoría de la gente le pasa, imagínese a un preso. Por eso es tan peligroso que personas conocidas o de muy alto rango interroguen. El proceso psicológico que sufre el preso lo hace in­hibirse.-

Fidel observó el paisaje desde la baranda. Vi que Ramiro Valdés y Joaquín Mirabal caminaban hacia nosotros.

-Esta gente tiene sus aliados en los pequeños agricultores,-dijo Fidel.-Se esconden en sus fincas. Hay que acabar con ese último reducto de la contrarrevolución y de los americanos. Se lo es­taba diciendo a Carlos Rafael. No debemos permitir que los enemigos de la Revolución hagan lo que les venga en gana. ¡Imagínense! Hay gente por ahí que tienen todavía 7, 10, 15 caballerías. ¡Esos nunca estarán con la revolución! ¡Esos son enemigos de clase de nosotros! ¿Cómo vamos a tener contemplación con ellos? Es un suicidio político. Tú verás cómo vamos a acabar con todo eso.-Se dirigía a mí.-Vamos a hacer una modificación a la Reforma Agraria y los va­mos a dejar en 3 caballerías. Y si siguen ayudando al enemigo, ¡entonces se van a quedar sin nada! ¡Hay que acabar de una vez con el soporte interno de los americanos!-

Estaba presenciando el ejercicio del poder en Cuba. Esa de­cisión afectaría a miles de personas y no se decidía en un recinto legislativo ni era el resultado de un análisis colegiado. Se realizaba en Villa Maristas y por boca de nuestro Máximo Líder. Aquello me gustó profesionalmente. Era verdad que eliminando el sostén territorial de los enemigos dificultaríamos mucho sus actividades. En ese tiempo no pensaba en las consecuencias sociales ni en la forma de gobernar. Ese era el trabajo de Fidel. El mío combatir a la CIA.

-No sé, ni me interesa. Si aceptas, cuando te lo presente me mar­cho. No quiero tener nada que ver con eso.-

-Huy...que misterio. Okey, vamos a ver qué quiere esa persona.-

Jürgen se levantó, acercándose a un atlético joven que comía en una mesa cercana. Momentos después ambos estaban en mi mesa. El joven tenía cara de adonis y penetrantes ojos azules.-Mi nombre es John Smith.-Su inglés no era malo.

-Siéntese.-Le dije adiós con la mano a Jürgen.-Así que su nom­bre es Smith. Como los americanos, ¿no?-Asintió.-Pero usted no es ameri­cano.-Continuamos el diálogo en un español chapurreado de su parte, y mi pobre alemán.

-No, yo soy alemán. Tengo entendido que está acumulando di­nero. Mi agencia pudiera ayudarlo mucho en eso.-Puse cara de ino­cente.-Yo trabajo en el Bundes Nachritten Dienst.-No mostré sor­presa.-Mire...-Sacó su billetera.-

-No se moleste en enseñarme una identificación. Puede ser falsa. Yo no conozco las de su agencia. ¿Qué es, exactamente, lo que desea?-

-Nosotros estamos muy interesados en obtener información de Cuba...sobretodo de la actividad en Africa.-

-A cambio de dinero, ¿no?-Asintió.-Si estoy acumulando di­nero es para salir de Cuba. Mi propósito es asilarme en este país.-

John encendió un cigarrillo.-Si usted nos suministra informa­ciones impor­tantes durante un tiempo, digamos 3 años, entonces podemos reco­mendar su caso a nuestro gobierno como algo especial. Podrá disponer de una buena ayuda social y económica.-

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