Después de una experiencia insurreccional algo activa y peligrosa, que
terminó con la sorpresiva victoria sobre Fulgencio Batista, el dictador
cubano, Juan Antonio Rodríguez Menier pensó que, como en los cuentos de hadas,
todos serían felices, pero en realidad comenzó la absorbente guerra contra los
Estados Unidos.
La vida dispuso que combatiera en
la Contrainteligencia e Inteligencia, organizaciones vituperados por los
enemigos y encumbradas por el gobierno, a menudo incomprendidas por escritores,
analistas, políticos y pueblo en general. Fue condecorado 9 veces, incluyendo
la más alta condecoración de los Órganos de la
Seguridad del Estado de Cuba,
la medalla dorada "Capitán San Luis".
A pesar de lo antes expuesto, desde 1966, se convenció de dos cuestiones
que le amargarían los años siguientes: Fidel Castro es un tirano demagogo; y el
sistema socialista no funciona porque la naturaleza humana está en su contra.
Dos décadas después de llegar a esta convicción logró el asilo político de
toda su familia inmediata en un país occidental.
Opina que mientras exista la desigualdad económica y social, la pobreza
de muchos y el enriquecimiento de unos pocos, el fanatismo religioso y el
extremismo político, la eterna comedia del mundo se repetirá cíclicamente,
representada en el teatro del destino.
D. T.
Madrid, 20 de julio de 2003.
Juan Antonio Rodríguez Menier desciende de una familia revolucionaria desde
la época en que Cuba era una colonia española. Su abuelo combatió a las ordenes
del Mayor General Antonio Maceo. Su primo, Mario Torres Menier, que fuera Jefe
de las Fuerzas Aéreas de Cuba, combatió la dictadura de Gerardo Machado. Su
tío, Francisco Menier Cybeira, murió a manos de los esbirros de otro dictador,
Fulgencio Batista, al que él también combatió. Después del triunfo
revolucionario fue oficial de Inteligencia. Condecorado 9 veces, incluyendo la
más alta condecoración de los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba, la
medalla dorada "Capitán San Luis", representó a su país como Cónsul
en Europa. En 1987 obtuvo asilo político para su familia en una país
occidental.
Le ordené a un custodio que se llevara al barbero para su celda y volví
otra vez al pasillo. Fidel volvía a la normalidad.
-Pitcher, creo que te jodí la cosa. No sirvo para este trabajo. Hay que
tener mucha paciencia. ¡Qué cabezón es ese muchacho! No dijo ni media palabra.-
-Comandante, ese preso estaba frente al jefe de la Revolución. Estaba tan
impresionado que se quedó mudo. A la mayoría de la gente le pasa, imagínese a
un preso. Por eso es tan peligroso que personas conocidas o de muy alto rango
interroguen. El proceso psicológico que sufre el preso lo hace inhibirse.-
Fidel observó el paisaje desde la baranda. Vi que Ramiro Valdés y Joaquín
Mirabal caminaban hacia nosotros.
-Esta gente tiene sus aliados en los pequeños agricultores,-dijo Fidel.-Se
esconden en sus fincas. Hay que acabar con ese último reducto de la
contrarrevolución y de los americanos. Se lo estaba diciendo a Carlos Rafael.
No debemos permitir que los enemigos de la Revolución hagan lo que les venga en
gana. ¡Imagínense! Hay gente por ahí que tienen todavía 7, 10, 15 caballerías.
¡Esos nunca estarán con la revolución! ¡Esos son enemigos de clase de nosotros!
¿Cómo vamos a tener contemplación con ellos? Es un suicidio político. Tú verás
cómo vamos a acabar con todo eso.-Se dirigía a mí.-Vamos a hacer una
modificación a la Reforma Agraria y los vamos a dejar en 3 caballerías. Y si
siguen ayudando al enemigo, ¡entonces se van a quedar sin nada! ¡Hay que acabar
de una vez con el soporte interno de los americanos!-
Estaba presenciando el ejercicio del poder en Cuba. Esa decisión afectaría
a miles de personas y no se decidía en un recinto legislativo ni era el
resultado de un análisis colegiado. Se realizaba en Villa Maristas y por boca
de nuestro Máximo Líder. Aquello me gustó profesionalmente. Era verdad que
eliminando el sostén territorial de los enemigos dificultaríamos mucho sus
actividades. En ese tiempo no pensaba en las consecuencias sociales ni en la
forma de gobernar. Ese era el trabajo de Fidel. El mío combatir a la CIA.
-No sé, ni me interesa. Si aceptas, cuando te lo presente me marcho. No
quiero tener nada que ver con eso.-
-Huy...que misterio. Okey, vamos a ver qué quiere esa persona.-
Jürgen se levantó, acercándose a un atlético joven que comía en una mesa
cercana. Momentos después ambos estaban en mi mesa. El joven tenía cara de
adonis y penetrantes ojos azules.-Mi nombre es John Smith.-Su inglés no era
malo.
-Siéntese.-Le dije adiós con la mano a Jürgen.-Así que su nombre es Smith.
Como los americanos, ¿no?-Asintió.-Pero usted no es americano.-Continuamos el
diálogo en un español chapurreado de su parte, y mi pobre alemán.
-No, yo soy alemán. Tengo entendido que está acumulando dinero. Mi agencia
pudiera ayudarlo mucho en eso.-Puse cara de inocente.-Yo trabajo en el Bundes
Nachritten Dienst.-No mostré sorpresa.-Mire...-Sacó su billetera.-
-No se moleste en enseñarme una identificación. Puede ser falsa. Yo no
conozco las de su agencia. ¿Qué es, exactamente, lo que desea?-
-Nosotros estamos muy interesados en obtener información de
Cuba...sobretodo de la actividad en Africa.-
-A cambio de dinero, ¿no?-Asintió.-Si estoy acumulando dinero es para
salir de Cuba. Mi propósito es asilarme en este país.-
John encendió un cigarrillo.-Si usted nos suministra informaciones importantes
durante un tiempo, digamos 3 años, entonces podemos recomendar su caso a
nuestro gobierno como algo especial. Podrá disponer de una buena ayuda social y
económica.-