Presente perpetuo. Mil
detalles del nacimiento, niñez y adolescencia del protagonista están pasando de
modo simultáneo. Cada escena se interrumpe y vuelve a comenzar una y otra vez,
dramatizando la recurrencia en el tiempo. El Perro Bailarín está condenado a
revivir su existencia de modo infinito.
Por ejemplo, la madre no desea sufrir durante el
parto, por eso carga en la bolsa un carrujo de marihuana que se fumará siempre
en el mismo momento. Luego verá ella, revoloteando en la sala de labor, una
mariposa negra, encarnación posible del diablo, vaticinando tragedia.
El
alumbramiento del Perro Bailarín queda marcado por un crimen: Chorrillo y su
pandilla irrumpen (irrumpirán siempre en ese preciso instante) en la casa de
piedra, aledaña al hospital, asesinan a una familia española y a los
sirvientes. El tío Nico desea tener un sobrino famoso. Aprovecha el egoísmo de
la madre y se lleva a su casa al recién nacido sólo para llenar de fantasías la
cabeza del cachorrito. Así será siempre.
El Perro Bailarín es cojo. Sin embargo, espera llegar
a ser famoso algún día. Pronto, pese a que se empeña neciamente en su
despropósito, se da cuenta que no tiene talento para la danza. El cariño de su
tío Nico se inclina hacia Farina, hermana del protagonista, ella sí un ser súper
dotado, pero débil, dominada por Modesto, sacerdote de la religión de la
sangre. Crímenes, suicidios, ilusiones vuelven a presentarse a lo largo de esta
novela extraordinaria de Hemoficción.
Juan Trigos (1941-)
Creador de la corriente estética Hemoficción.
Literatura lúdica y de búsqueda que refleja el sangrar de la conciencia en multitud de espejos donde se contempla con
horror las mil caras del infantilismo personal. El niño humano juega a ser
adulto. El adulto quiere ser niño. La crueldad infantil invade. Quizás, algún
día, el despertar espiritual conduzca a la madurez del hombre. Otra dimensión
de conciencia que significaría la responsabilidad plena, de la que huyen todos
los personajes creados por Juan Trigos, precisamente por humanos, es decir,
niños.
La Hemoficción, siempre en juego, abre puertas a la
conciencia personal del autor y, por reflexión expansiva, hacia el conocimiento
íntimo del lector adulto, aquél que es capaz de asomarse a los propios abismos.
La Hemoficción es literatura seria, pero muy divertida.
Estas son algunas de sus obras: La Llorona,
Mulata del diablo, La leyenda de Don Juan Manuel, La diabólica santa de las
tijeras, Callejón de las ratas, Leyenda del Sapo Matón, Crímenes en la Profesa,
Rincón de las calaveras, Leyenda del hombre verde, Mamá es loca o está poseída,
El Tapado, Castigo, divino placer, La Guillotinita.
El perro bailarín cree
en el Eterno Retorno, teoría que asegura
que los hombres repetimos la vida del nacimiento a la muerte de manera infinita. He aquí su historia (mi vida comienza en el nacimiento, día fatal, mi madre pudo haber
sido aprehendida y llevada a la cárcel por cargar en su
bolsa marihuana).
Diálogos
entre Silvino y el Reloj.
Silvino:
Misma hora, tictac. Acabo de ser parido. Mis berridos aturden.
Antes de esta misma hora me encuentro en la panza de mi madre y antes en el cementerio, antes fui puesto en la caja, y antes me pegué un balazo
y antes conocí a la vieja
de los tamales y antes...
Reloj:
Haz muerto y vuelto a nacer infinidad de veces en el mismo lugar, ¿a quién le importa? Estoy harto
de pensar en el tiempo, es un drama.
Silvino:
Los
relojes no piensan, marcan lo que siempre
han marcado,
estúpidamente.
Reloj:
He sido el mismo imbécil en cada una de tus
existencias. El tiempo es redondo, espiral,
simultáneo, secuencial, intermitente.
Silvino:
¿Debo comenzar
mis memorias por el nacimiento o da lo mismo?
Reloj:
Es igual, el tiempo es el tiempo
hacia atrás y hacia delante.
Silvino:
Entonces este libro
podrá leerse de principio a fin, de fin a principio,
del centro hacia
atrás y luego hacia el final o comenzando por cualquier capítulo
que plazca al lector.
HOSPITAL.
Entro de nuevo a la rueda del tiempo, sinfín por el que transita
la conciencia en resbaladilla,
mi madre ha dejado de pujar y piensa en fumarse un carrujo de mota, su premio,
ha dado a luz y se siente
no satisfecha sino aliviada, porque pronto tornará a sus dominios
solitarios en casa, el doctor me nalguea
y yo chillo cual trompeta, abriendo el hocico a pesar del temor de tragarme una mosca,
fuchi.
Natalidad.
Nacimiento mecánico
de perfiles exactos, berridos y nalgadas, suspiros de mi madre por la droga que
extraña, ser perverso que en verdad la acompaña porque la marihuana entra en forma de humo y abraza las entrañas.
Maldita sea, irrumpo una tarde
del mes de febrero
(fecha viva de florecimiento
marcada en el calendario místico de Dios, tautología biológica de ritmos expansivos y dolorosos), sólo para arrastrar las patas, por
enésima vez, en las flatulentas entrañas de México, donde mal se digieren culpas de un pasado inexistente pero al parecer vergonzoso.
Silvino:
De
niño me producía ronchas, sarna, el color de mi raza (soy indio), aunque detestaba la blancura lechosa y racista y el idioma carcomido que se habla en la colonia donde nazco,
el que mis antepasados hayan sido antropófagos, perdedores, pederastas.
Rueda del tiempo.
En vez de Uróboros (dragón, serpiente que representa
el eterno retorno), imaginad un perro
–yo- mordiéndose la cola
con rabia.