De tanto en tanto, Dios visita al hombre para analizar el progreso de la semilla sembrada eones atras.
El mundo esta por entrar en la segunda decada del siglo 21, y esta vez, su visita sera la ultima que el hombre reciba. Dios ha decidido que la existencia del hombre como tal, debe llegar a su fin y servir para el proposito que ha sido creado.
Quién desee leer un libro que describa el origen del Universo y de su Creador, con la visión que solamente alguien pudiese haber obtenido gracias a una "Revelación Divina", descubrirá a través de las páginas de "El último Dios" que la verdad no descansa en las páginas de las Sagradas Escrituras, sino en una novela casi desconocida.
Marcelo Vales Garbo nació en Buenos Aires, Argentina, en 1963. Desde su niñez recibió educación católica. Por mas de dieciseis años estudió en instituciones académicas ligadas a entidades religiosas. Basándose en los conocimientos adquiridos, y eliminando, de acuerdo a su criterio personal, la fantasia de lo posible, llevó al papel a esta, su primera obra literaria, que llega finalmente a la mano del lector para ser juzgada.
Actualmente reside en Miami, Florida, junto a su esposa y su hijo.
Es difícil describir aquel comienzo, hace millones o billones de siglos, cuando lo único existente era la Nada.
Por donde se buscase, sólo se encontraba lo mismo: Nada.
Y por curioso que hoy día suene, eso era algo.
Y aun más curioso es, que ese algo pudiera pensar. Y nos estamos refiriendo a... Nada.
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Y el punto estalló en la más grande explosión que se fuera a dar en el Universo.
Sería reconocido en el futuro como Big-Bang. El instante en que la Energía de la Nada comenzó a transformarse en la materia en la cual el hombre habitaría. Eones más tarde.
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No hubo más intercambio de palabras o pensamientos entre las dos entidades presentes. Las energías se fusionaron instantáneamente, emitiendo un destello tan intenso que opacó la luz del mismo sol en donde había ocurrido. Acto seguido, La energía resultante se concentró en un punto diminuto, como mucho tiempo antes había ocurrido, sólo que esta vez todo el proceso demoró sólo un instante, y como si se tratase de una bala disparada por un rifle, estalló en dirección hacia el sol más cercano, a cuatro y medio años luz de distancia, aproximadamente. Ya que el verdadero destino era un pequeño planeta llamado... Tierra.